VIOLENCIA

violencia
La relación de pareja es una relación única, que nace y que tiene como un principal objetivo el enamorarse, este implica básicamente un descentrarse de sí para centrarse en la otra persona, por eso, durante siglos el amor ha sido el tema de grandes escritores donde el “amor romántico” siempre lucha   para resultar triunfador. Pero lejos de estas ficciones podemos ubicarnos en la realidad de cientos de parejas que dentro de la relación de noviazgo, viven cotidianamente el fenómeno llamado   violencia.
Las investigaciones sobre violencia en la relación de pareja han   tratado de buscar   factores para determinar la tasa de violencia en la actualidad. En estos se han encontrado que la violencia durante una relación de pareja se vincula tanto a factores individuales como a   factores sociales, y quizá pensemos que estos estén desvinculados uno del otro, pero no es así, ya que estos están formados en una sociedad, esta a su vez   tiene una cultura, ella esta formada de costumbres, normas, obligaciones y derechos ¿y quienes toman esto?... las familias, ¿y donde nos formamos nosotros? Cada uno de nosotros nos encontramos dentro de una de estas familias.
Por lo tanto las investigaciones realizadas han sido de gran importancia porque forman el primer paso del conocimiento de la violencia en una relación de pareja,   además de que son el primer vínculo antes del matrimonio. Por lo tanto es necesaria una comprensión más amplia y detallada para analizarla conscientemente y saber cómo se ha ido transformando para llegar a ser aun hoy en día un disfraz cotidiano e invisible para cada uno de nosotros.
La violencia basada en género es un problema de la humanidad entera, cada vez más frecuente, en todos los ámbitos y culturas. Su base es la desigualdad entre los derechos de las mujeres y los hombres, de manera que socialmente se ha privilegiado lo masculino y se ha desvalorizado lo femenino. Así la relación de pareja se forma a partir de toda   información que nos brinda los medios de comunicación, la cultura, y la familia. Los roles que tomamos dentro de una relación de pareja se forman a partir de lo que nos exige nuestra sociedad.
La violencia   de género en   una relación de pareja no discrimina, afecta a un gran número de personas, atraviesa las fronteras raciales, de edad, religiosa, educativas y  socioeconómicas. La violencia es un fenómeno denigrante que lesiona nuestros derechos y muestra claramente la opresión de género, porque existen desequilibrios de “poder” como son   las   posiciones de desventaja social, o las formas de control interpersonales debido a la desigualdad entre los sexos.
Por todo esto la violencia de género debe ser considerado como un problema social de enorme magnitud que influye en el sector salud (deterioro de la salud física y mental de la mujer, costos adicionales a los servicios sanitarios con consecuencias económicas graves sobre el gasto público, menoscabo de la productividad en el trabajo), en la seguridad ciudadana (al no tener garantizada la seguridad física y mental de la mujer tanto en los espacios públicos como en los privados…), en el sector educativo (por la permanencia, reproducción y transmisión de valores y actitudes de relaciones no igualitarias…), en el sector legislativo y judicial (reformulación o redacción de normas penales, civiles y administrativas, modificación de prácticas jurídicas que respaldan la violencia contra la mujer, mecanismos inoperantes que impiden el seguimiento legal de verificación del cumplimiento de las sanciones…).(Martínez, 2003).
La violencia en una relación de pareja en la actualidad es tan disfrazada que frases como   ¿Con quien estabas? ¿Por qué no contestas mis mensajes? ¡Eres mujer no entiendes lo que te digo! etc., son consideradas como normales y muchas veces se toman como “muestras de amor”. Tanto mujeres como hombres hemos estado sumergidos en una sociedad patriarcal donde el hombre es sinónimo de poder y la mujer de debilidad, por eso, a cada uno de nosotros nos han colocado ese disfraz compartido para saber con claridad el papel que debemos jugar en esta sociedad, y por ello, es que se nos ha limitado a visualizar a la violencia en su mayor amplitud.
La cultura y la familia también tienen papeles fundamentales en nuestra formación, ambos nos brindan un repertorio de “cómo debemos ser”   estos son llamados estereotipos que son los que controlan nuestro comportamiento, partiendo siempre   de si somos hombre o mujer, y por ello en una relación de pareja el hombre “debe ser” el protector, el fuerte, el valiente, mientras que   la mujer “debe ser”   débil, indefensa, libre de ser profesionalmente competente pero sin olvidar su labor y funciones en el hogar, etc. Ante esto se puede observar que de manera automáticamente cada uno   de nosotros toma ese papel porque desde niños nos han educado a conducirnos de esa forma. Así, cada vez que iniciemos una relación de pareja estamos automatizados a saber que papel tiene cada uno.
Por ello,   la violencia en muchas relaciones de pareja puede existir sin que nos demos cuenta, porque a veces lo vemos como natural. Las acciones en una relación dentro de una relación de pareja comienzan desde acciones mínimas hasta acciones de un importante peso social como puede ser la muerte.
Estos roles determinan el dominio como comportamiento masculino y la sumisión como femenino, sumados a la idealización del "amor romántico", que todo lo puede superar y todo lo perdona, así como por el carácter informal y efímero de la relación.
No obstante el peligro que implica vivir con violencia no solo implica visualizarlo   como una forma más de vida dejando que las personas se acostumbren a ella como si fuera natural. Sino que es necesario tomar hacer conciencia de manera individual, en cada persona, de las múltiples consecuencias que trae la violencia dentro de las personas, de las familias, de la cultura, de la sociedad; donde cada vez más la igualdad de hombre y mujeres se disfraza de “reconocimiento de la   mujer”   y no de una integración social   de hombres y mujeres como seres humanos racionales.
Quizá   podamos echarles la culpa a cada hombre a nuestro alrededor que cometa violencia dentro de una relación de   pareja, pero quizá debamos detenernos a pensar   ¿Cómo se construye una relación de violencia? ¿Cuáles son los factores sociales   que hemos arrastrado para que aún hoy en día exista violencia en las relaciones de pareja?

¿Por que analizar la violencia en el noviazgo?
La violencia en relaciones de noviazgo en México es un tema escasamente estudiado, y los que existen, la mayoría de ellos se inclinan a la violencia en el hogar, pero hay que ver con claridad que esta violencia hacia la mujer no inicio a partir del matrimonio, sino que ya habían indicadores de incidencia desde   la relación de pareja que se estableció, solo que debido a los estereotipos de género que la cultura misma impone,   no podemos ver las acciones de violencia mínimas hacia la mujer, por estas razones la diversidad de investigaciones se dirigen a la violencia de género dentro del hogar, intrafamiliar, es debido   a que la violencia ha llegado a tal grado que ya es visible e intolerable porque los daños físicos son muy notables, pero… ¿dónde queda el daño psicológico, moral, emocional que “No se ve, solo se siente en el interior”…
Generalmente la atención ha sido puesta en la violencia conyugal en el hogar, ignorando la trayectoria social de hombres y mujeres antes de llegar al matrimonio. Estudiar la violencia en el noviazgo es fundamental porque permite analizar la génesis de las desigualdades en las relaciones de pareja, las formas en que se ponen en práctica las diversas determinaciones de género aprendidas desde la infancia, así como el grado en que todos estamos dispuestos   a “jugar   estas reglas de género”.

INTRODUCCION
La violencia de género, no es un hecho aislado ni circunstancial sino que ella responde a ciertas pautas de conductas que se han mantenido durante largo tiempo entre   hombre y mujer, y que han sido legitimadas para el agresor (el hombre, el del poder) y aceptadas en forma sumisa por la agredida (la mujer, la débil). Es importante destacar que la violencia no se encuentra presente en todas las relaciones de parejas sino en aquellas parejas donde coinciden una serie de circunstancias que la favorecen.
La violencia de género en las relaciones de pareja es un fenómeno transversal que se puede encontrar en cualquier clase social, grupo de edad, nivel de educación, tipo de actividad. El Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ, 2007) que muestra la   violencia desde una perspectiva de género, la cual la considera   una expresión de la discriminación y las relaciones de desigualdad que se dan en nuestras sociedades. En la encuesta muestra que   el 15.5% de los jóvenes mexicanos de entre 15 y 24 años han experimentado alguna vez violencia física durante el noviazgo[1] la Encuesta Nacional de Violencia en la Relaciones de Noviazgo 2007.   El 16.5 por ciento de las jóvenes entrevistadas señaló haber sufrido un evento de violencia sexual por parte de su pareja. Por ultimo, el 75.8% de los jóvenes, hombres y mujeres, han sufrido al menos un incidente de violencia psicológica, sobre todo han sido controlados y subestimados por sus parejas. Entre 30 y 72% de las mujeres mexicanas es víctima de violencia cometida por la pareja. (ENJ, 2007). La proporción es similar entre jóvenes de zonas urbanas y zonas rurales.
Hernández (2002), Martínez (1999), Ramírez y Uribe (1993), Rico (1996), Tamayo(2000), y no es atribuible exclusivamente a problemas psicopatológicos, a la estructura social y económica o   hasta el uso de sustancias psicotrópicas[2], sino que éstas pueden ser consideradas como factores de refuerzo, desencadenantes o asociados, por lo que hace que el problema de la violencia no siempre sea fácilmente percibido y reconocido.
Este trabajo se centra principalmente en detectar a partir de un análisis del sistema patriarcal cómo influyen factores sociales como familia, cultura, estereotipos, medios de comunicación, así como su función   dentro de las relaciones de pareja. Esto también permitirá comprender como es que el “deber ser de mujer y hombre” que exigen todos estos factores que conforman la sociedad   están tan impregnados que son imperceptibles. Por lo tanto, podemos ver que   el concepto de “amor” que se ha resignificado y transformado a partir de las relaciones intimas que se han establecido entre hombres y mujeres tratando de llegar a una igualdad   objetiva, es decir, por encima, sin llegar a   pensar en una   “igualdad subjetiva”, en lo profundo, que permitirá paralelamente un cambio real donde no se disfrace la   desigualdad de la pareja en amor romántico.

1. Relaciones de pareja en la actualidad
Las relaciones de pareja son algo que todos vivimos y por ello a todos nos interesa. Una relación de pareja es aquella que establecemos con una persona que la consideramos importante y significativa para nuestra vida.
La relación de pareja podemos entenderla de manera más concreta como aquella “relación social explícitamente acordada entre dos personas para acompañarse en las actividades recreativas y sociales, y en la cual se expresan sentimientos amorosos y emocionales a través de la palabra y los contactos corporales” (Rodríguez & de Keijzer, 2002).
Actualmente las experiencias de relación de pareja son más espontáneas, cortas y numerosas, y claramente podemos observar que las relaciones son mas cortas que las de generaciones anteriores (padres, madres, abuelas y abuelos) pero   que aún se siguen rigiendo por patrones desiguales de poder entre los géneros tales como la tolerancia ante los noviazgos simultáneos de los hombres, las presiones sexuales hacia las novias, el sentido de propiedad del cuerpo de las novias, la imposición masculina de la decisión de unirse (Rodríguez & de Keijzer, 2002).
A veces se suele escuchar constantemente que las relaciones de pareja están en crisis hoy en día, pero es más la sociedad y su cultura llena de costumbres que disfrazan la   desigualdad entre hombre y mujer haciéndolo ver como algo establecido y aceptado.
La evolución social, laboral, intelectual y cultural de la mujer, hace que las bases sobre las que se establecían hace unas décadas las relaciones de pareja de cara a la formación de una familia, han cambiado, y existe un mejor equilibrio de papeles   tanto del hombre como de la mujer, pero mas sin embargo no el necesario. ¿Pero en realidad que es lo que ha evolucionado la igualdad entre hombre y mujer o solo cambio de nuevo disfraz el “dominio del hombre sobre la mujer”?

2. Amor romántico vs  Amor confluente
El amor romántico es aquel amor   que implica una atracción   instantánea, un amor a primera vista, es específico de una cultura, tienden a predominar sobre el ardor sexual. Este tipo de amor es un complot urdido por los hombres contra las mujeres para llenar sus mentes con sueños varios e imposibles, es por ello que es un amor feminizado. Presupone cierto grado de auto- interrogación ¿Qué siento hacia el otro? ¿Qué siente el otro hacia mí? Son nuestros sentimientos lo bastante profundos como para sustentar un compromiso a largo plazo?. Por eso, llega a formar creencias y de ideales engranados con la trascendencia. (Coria, 2001).
Es el amor que busca la absorción del otro, es el amor que se   confirma y difunde   en películas, canciones o por medio de la socialización, es el que se presume, y que ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré por encima de todo) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida).
Por el otro lado esta el amor confluente, este es donde la relación es equitativa y la sexualidad es placida, existen acuerdos e independencia. Es un amor respetable, consciente, donde si se   permite dejarse llevar por los sentimientos pero sin perder la razón con conciencia.
Este amor se vuelve una   relación de pareja donde existirán   tres vidas: la vida de uno, la vida del otro y la vida que tienen en común. Y las vidas particulares de cada uno han de ser negociadas, aceptadas y respetadas por el otro. Es un nuevo modelo de amor donde se abandonan los ideales de amor. (Giddens,2000 ). Amar   desde esta perspectiva no es desear, atraer o sufrir, sino expandir la propia conciencia. Y por todo el amor confluente, no es reacción, sino continua creación.

3. Violencia de género: tipos y modalidades
La violencia de género se define como el conjunto de agresiones que se ejercen contra las mujeres por ser mujeres, que tengan o puedan tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico, “… inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada” (ONU, 1993). Tiene sus orígenes en la desigualdad existente entre hombres y mujeres, es decir, “… en cómo se construyen los modelos de masculinidad y feminidad y las relaciones sociales entre hombres y mujeres,  que implican la subordinación de estas últimas” (Torres 2004). Se constituye como un fenómeno histórico y dinámico a partir y dentro de relaciones sociales dadas (Freyermuth, 2004).
La consecuencia de ella, es un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la persona que lo padece. Por ello, la violencia contra las mujeres ha sido denunciada constantemente por grupos organizados de mujeres en todo el mundo, por ser uno de los problemas que atenta contra la dignidad y derechos humanos. Han destacado que este tipo de violencia no es un asunto “íntimo de las parejas ni de las familias disfuncionales”, sino consecuencia de las relaciones de inequidad y poder entre mujeres y hombres.
Al considerarla parte de las prerrogativas masculinas de ejercicio de poder y de autoridad tanto en la familia como en la esfera pública, la violencia contra las mujeres ha sido naturalizada y tolerada por la sociedad. De ahí que el “discurso social” admite la reproducción de la violencia mediante imágenes y creencias que continuamente las culpabilizan y las hacen responsables de la agresividad de los otros, configurando la violencia de género como una expresión de la dominación masculina (Martinez, 2003).
Según informes de la ONU (1993), en países con diferentes niveles de desarrollo, para la mayoría de las mujeres la violencia empieza en el hogar a manos de los padres, los hermanos o de la pareja. Al contrario de lo que sucede con los hombres, más de las dos terceras partes de los actos violentos son cometidos por alguien cercano a ellas (Rivera, 2006).

Modalidades de violencia de género
Toda forma de violencia se encuentra impregnada de otra, es decir, la violencia física contiene elementos de la violencia psicológica, ésta última puede ser la antesala de la física, y la violencia sexual puede albergar la física y la psicológica.(Martinez,2003) [3]

Violencia familiar: Es el acto abusivo de poder u omisión intencional, dirigido a dominar, someter, controlar o agredir a las mujeres, dentro o fuera del domicilio familiar, cuyo agresor tenga o haya tenido relación de parentesco.

Violencia laboral. Se ejerce por las personas que tienen un vínculo laboral con la víctima, independientemente de la relación jerárquica, consistente en un acto o una omisión en abuso de poder que daña la autoestima, salud, integridad, libertad y seguridad de la víctima. También incluye el acoso o el hostigamiento sexual que se define como el ejercicio de poder en una relación de subordinación real de la víctima respecto al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar. Se expresa en conductas verbales y físicas, relacionadas con la sexualidad, de connotación lasciva.

Violencia comunitaria. Son los actos individuales o colectivos que transgreden derechos fundamentales de las mujeres y propician su denigración, discriminación, marginación o exclusión en el ámbito público.

Violencia institucional. Son los actos u omisiones de las/os servidoras/es públicos de cualquier orden de gobierno que discriminen o tengan como fin dilatar, obstaculizar o impedir el goce y ejercicio  de los derechos humanos de las mujeres, así como su acceso al disfrute de políticas públicas destinadas a prevenir, atender, investigar, sancionar y erradicar los diferentes tipos de violencia.

Violencia feminicida. Es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y puede culminar en el homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.

Tipos de violencia de género
Psicológica. Consiste en el patrón de conducta consistente en actos u omisiones repetitivos, que provocan en quien las recibe alteraciones en su estructura de personalidad y deterioros en su esfera emocional.   Los hombres   en una relación de pareja agreden desde lo mínimo (pellizcos, empujones, chupetones) para que poco a poco se vean esas actitudes como normales y sean aceptadas por la mujer   psique femenina mediante “insultos, amenazas, intimidaciones, humillaciones, burlas, etc.” (Sanmartin,2005).

Generalmente las primeras manifestaciones de violencia psicológica   en las relaciones de pareja se dan en los primeros meses, para luego dar paso a la física, si es que la mujer se subordina a ella (Hernández, 2002).
La violencia psicológica frecuentemente suele ser producto de los celos que expresan deseos de dominio y posesión, evitando “cualquier tipo de relación con familiares y amigos que pueda poner en peligro la exclusividad del vínculo” (Velázquez, 2004).

Física.
Es todo acto de agresión intencional, que implique el uso de la fuerza contra otra persona, se presenta de forma frecuente y aumenta en intensidad, es decir, en las relaciones de noviazgo la violencia puede iniciar con un empujón durante las discusiones,   cachetadas, o sacudidas, jalón de pelo, golpearla con objetos o aventárselos, pero que poco a poco la agresión es mayor pudiendo llegar   al homicidio.

Patrimonial. Es cualquier acto u omisión que afecta la supervivencia de la víctima. Se manifiesta en la transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades y puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de la víctima.

Económica. Es toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima. Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo dentro de un mismo centro laboral. El castigo a través del control del dinero o de los bienes materiales. Es una de las formas más sutiles de violencia.
En el noviazgo este tipo de violencia se manifiesta con la prohibición de trabajar, pedir dinero prestado y no pagar, impedir que se compartan gastos, chantajear para obtener regalos o recompensa económica, entre otras.

Sexual. Es cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto. Implica el uso de la fuerza, para hacer que otra persona lleve a cabo un acto sexual u otras acciones sexualizadas humillantes no deseadas. Implica obligar a la persona a cualquier tipo de sexo forzado o degradación sexual, contra su voluntad como prácticas sexuales no deseadas o que generen dolor, exhibición de genitales sin consentimiento del espectador, tocamientos íntimos o roces sin el consentimiento de la persona, penetración sin consentimiento por la boca, vagina o ano.
Durante las relaciones de pareja la violencia sexual ocurre en una variedad de situaciones que van desde caricias no deseadas,   exposición a material pornográfico obligatorio, voyerismo o exhibicionismo, etc.[4]
Los hombres   vinculan   la actividad sexual es motivo de sentirse más hombres, por lo que es común, para ellos, en sus relaciones de pareja obtener la “prueba de amor”, y hacer creer a la mujer, aunque no lo sientan, que asumirán el compromiso. Por lo contrario, la mujer se siente obligada a realizar actos sin quererlo, y muchas veces porque la sociedad le ha exigido ser esa persona que accede y se entrega “todo por amor al hombre”.
El tipo mas frecuente de agresión sexual en las relaciones de pareja es la llamada “violación por confianza”, que sucede cuando las jóvenes o adolescentes son presionadas a tener actividad sexual, aunque en la mayoría de los casos con un cierto “consentimiento” por parte de ellas.

FACTORES DE INFLUENCIA
de el “deber ser “…de lo femenino y lo masculino”

? Cultura , estereotipos   e identidad de género
La violencia de género se ha generado   y perpetuado de acuerdo al sistema de jerarquías impuesto por la cultura patriarcal,(Vázquez y Castro, 2008)[5] el cual se trata de una violencia estructural hacia la mujer, con objeto de subordinarla al género masculino. Se expresa a través de conductas y actitudes que acentúan las diferencias, apoyándose en los estereotipos de género (Colmenares, 2005).

Las representaciones y expectativas que tenemos sobre lo que significa “ser hombre” o “ser mujer” son determinantes en la forma de comportarnos o reaccionar ante situaciones o conflictos.   Estos están vinculados a un contexto social que reproduce y refuerza actitudes y creencias basadas en un aprendizaje diferencial de los roles y de estereotipos que se asignan a hombres (agresivo, estable, lógico, no emotivo, racional) y a mujeres (complaciente, inestable, débil, emocional, emotiva, sensible, sentimental) siendo el reflejo de un orden jerárquico de relaciones de poder, donde se dosifica a la mujer y, muy especialmente, su sexualidad (Velázquez, 2204).
Por lo tanto, la violencia de género es un comportamiento aprendido que tiene sus raíces en la cultura y en la forma como ésta se estructura socialmente. De acuerdo con estas expectativas culturales de la masculinidad y la feminidad, la sociedad tolera e incentiva la violencia de género que se ve reflejada en las prácticas cotidianas y en las disposiciones normativas que justifican y legitiman este tipo de violencia tanto en el ámbito privado como en la vida pública.
Culturalmente la mujer también ha contribuido a perpetuar una serie de prácticas relacionadas con la violencia de género, debido a que en el seno de la familia se le transmiten valores y normas de conducta desiguales y de sometimiento entre los sexos, debido a la transmisión generacional de los roles asignados y diferenciales entre hombres y mujeres (Amoros,1997).

? Medios de comunicación
La influencia en los medios de comunicación es también cómplice de lo que se transmite a hombre y mujer, y forman expectativas idealizadas de lo que “debe ser” una relación de pareja.   Esto es un grave problema grave, ya que los medios son un agente socializador muy importante “a través del cual las personas se informan, conforman sus creencias y forman su opinión” (López Díez, 2002). Así, en la lucha por la erradicación de la violencia es importante concebir y estudiar los medios de comunicación como una “tecnología de género” [6]
Los medios de comunicación son instrumentos para difundir diferentes significados, y en este proceso de significación transmiten elementos de la realidad social que se desarrollan en una cultura y que, generalmente, están cimentados en la ideología dominante, de manera que no sólo se erigen a partir de ella, sino que también la promueven, la reflejan e, incluso, la sirven (DEMAC,2009). Por lo tanto los medios de comunicación son una instancia   que construye una ideología de género[7].
Colocar los datos estadísticos del origen de información general sobre la población mexicana.

Los medios de comunicación:

     • Persisten en representar de forma tradicional a la mujer y las relaciones entre estas y los hombres , es decir se siguen reproduciendo estereotipos y roles sexistas que contribuyen a perpetuar situaciones de desigualdad, de prevalencia de un sexo sobre otro

     • Minimizan   las agresiones manteniendo términos como “crimen pasional o compañero sentimental” o frases como “…seguía enamorado de ella y no quería perderla”   y buscan la manera de justificar el uso de la violencia de los hombres contra las mujeres.

     • Normalizan el comportamiento violento masculino insistiendo en presentar la agresión como un hecho aislado, como si fuera una consecuencia de la pasión amorosa de algunos sujetos, y no como un atentado a los derechos fundamentales de la mujer.

     • Estereotipan la imagen, la esbeltez   de la mujer y la fortaleza del hombre.    


CONCLUSIONES
Puedo decir con firmeza que aun en la actualidad la violencia de genero dentro de las relaciones de pareja, aun son pocas debido a que se han enfocado a la violencia conyugal, intrafamiliar. Las investigaciones que se han hecho sobre esto nos marcan que aun existe un significado de amor muy confuso, que permite que la violencia en la relación sea invisible para quien la recibe.
La violencia de género no es resultado inexplicable de conductas desviadas o patológicas, ya que más que un problema individual, es un problema estructural que factores como  la cultura, estereotipos, medios de comunicación, familia, escuela, contribuyen a que se presente   ya que son el instrumento eficaz a través del cual las personas se informan, conforman sus   creencias y forman su opinión, formen o transformen valores y normas establecidas que van conformando la personalidad.
En las relaciones de pareja donde existe violencia con el paso del tiempo los episodios del círculo de la violencia van subiendo en escalada de agresiones, volviéndose más violentos y frecuentes, lo que se ha llamado el efecto “Bola de Nieve”.(Nogueras,2004), que se establece que de un “pequeño incidente” (golpe, jalón de cabello, empujón) hasta agresiones que se van intensificando. El daño provocado (debido al “deber ser”) es silencioso ya que el mismo entorno de la mujer ha pactado este “silencio individual y colectivo” con el fin de aparentar ante la sociedad una armonía.
Cuando una mujer esta dentro de una relación donde existe violencia de género es complicado salir de ella, puesto que primero se necesita darse cuenta de la situación, y después de las consecuencias de estar en ella. Se necesita de Sensibilización desde la escuela en la experiencia de la violencia de género en general y de después de manera particular sobre aquella que se da en las relaciones de pareja, pudiendo ir eliminando mitos e ideas erróneas relacionadas con ella, permitiendo desarrollar   habilidades que les permitan detectar un inicio de control exagerado, para luego poder afrontar los conflictos,  mostrando pautas de actuación e informando de los recursos existentes en caso de agresión o maltrato.
La sociedad tiene mucho por hacer, la principal labor es reeducarse, trasmitiendo información que dentro de una relación de pareja aquello que puede empezar como celos o control, confundiéndose equivocadamente con muestras de afecto, en la mayoría de los casos pueden llegar a ser humillaciones, maltrato psicológico e incluso agresiones físicas o la muerte.
El objetivo fundamental de la sociedad debería ser   prevenir un futuro maltratador, debido a la preocupación del aumento en los últimos tiempos de la violencia de género, por lo que se constituye como solución una educación en igualdad, desde el respeto y la tolerancia, fomentando la autoestima de la mujer, y mostrando el rechazo más enérgico a la violencia desde edades tempranas para poder avanzar en la erradicación de estos comportamientos.
Es necesario realizar investigaciones cualitativas que permitan comprender lo subjetivo de la mujer que sufre “violencia de genero”, y de la relación que tiene con ello la significación de lo que es una relación de pareja ya que la auto-afirmación de “basta con quererse a si misma” pareciera ser un simplificación de lo aprendido e internalizado que proviene del exterior.   La dificultad para acceder a una plena concientización sobre el problema, es quizás la mayor expresión de la fuerza con que sigue vigente aun la dominación de género a la que están sometidas las mujeres. Sin embargo, es común que las mujeres sean representadas como víctimas de la violencia  e incapaces de enfrentarse a los hombres, y por ello, la mujer se sigue mostrando como “débil” que en vez de enfrentar esta violencia   permanece en relaciones donde hay violencia por que temen por su integridad física que obedece a un complejo patrón de determinaciones sociales (Sanmartín, 2005). Pero, además del miedo, están las normas de género inculcadas desde la niñez, que incentivan el sometimiento femenino: la creencia de que el amor “lo puede todo”, el valor asociado con la virginidad, y el sentimiento de culpa al perderla, que sin duda contribuyen a que una relación violenta se prolongue a lo largo del tiempo.

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